La revelación sobre los lejanísimos orígenes del Universo y los orígenes paternos y maternos del Hombre, concedida a la dura vida de don Guido Bortoluzzi está contenida en este libro, es un ejemplo reconfortante de la proximidad del “Dios Vivo” con Su criatura, el hombre de nuestro tiempo, particularmente necesitado de claridad y de ayuda después del abandono en que lo han dejado una ciencia contradictoria y una fe débil y dividida.
Muchas son las páginas de la Sagrada Escritura que permanecen oscuras y las imprecisiones introducidas en sus interpretaciones. He aquí porqué el Señor vino al encuentro del ansia pastoral de un verdadero y humilde Sacerdote de nuestro tiempo que quería comprender a fondo el mensaje de la Palabra Divina. Los verdaderos teólogos son los místicos y los Santos porque se comunican con el “Dios Vivo” y entran en comunión con lo divino, volviendo a poner su confianza no tanto en si mismos, sino en Dios.
Quien tenga el don y la libertad de espíritu para abrirse a este nuevo favor divino, comprenderá finalmente la tragedia ocurrida al inicio de la humanidad, tragedia que nos ha alejado rápido tanto de la imagen como de la semejanza con Dios. Y todo esto, como la escritura ha siempre enseñado, por libre elección, por desconfianza y rebelión del padre de todos los hombres hacia Dios. El lector, entenderá pues mejor la necesidad de la humanidad entera de ser recuperada en las raíces de la Sangre pura pagada por el Nuevo Adán, el Cristo, para los hombres de todas las etnias y de todos los credos, ya sea en el plano tanto físico-emocional-intelectivo como espiritual. Pocos conocen que el anuncio hecho por los Ángeles en Belén en el nacimiento de Jesús era la “gran semejanza del Altísimo con los hombres” con el fin de que a través de aquel Niño, se vuelvan nuevamente “perfectos” como al inició fue creada la humanidad. Sólo entonces Dios podrá ser verdaderamente glorificado y la Tierra encontrará la verdadera paz. ¡Muy feliz estoy que el Señor de los Cielos y de la Tierra haya elegido entre nuestras montañas natales a un humilde Sacerdote en un oscuro ángulo de nuestro gran planeta, para llevar tanta luz y tanta alegría al mundo entero!

P. Serafíno Dal Pont
Misionero de la Consolada

Londres, 12 de septiembre del 2002

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